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El lado oscuro de "Girlboss" que nunca te contó Netflix

Martes 16 de mayo de 2017


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La serie sobre la fundadora de Nasty Gal se mostró como un ejemplo de “girl power”, pero la realidad de su empresa dista mucho de mostrar eso.

Luz Lancheros, MWN 

Hay una escena de "Girlboss" que podría resumir perfectamente el carácter de Sophia Marlowe: en el primer capítulo, su auto se queda varado en plena vía, en San Francisco. De esta manera, para el tráfico y detrás de ella va un tranvía. El conductor le ofrece su ayuda y esta le lanza un signo obsceno antes de decir que no necesita nada.

Con eso es suficiente para ver cómo será el personaje durante toda la serie. El sueño americano mezclado con decisiones caprichosas, un carácter de niña malcriada y la creación de una marca online que pasó de eBay a ser una de las tiendas referencias de moda a nivel global. Pero más allá de la crítica televisiva, más de uno se pregunta si esa imagen de "millennial hecha a sí misma" y de "feminista cool" –que tanto promocionaron para vender la serie y a la misma Sophia Amoruso, el personaje real–, se desvanece al ver en "Girlboss" sus decisiones vitales y sobre todo, empresariales. Y más aún cuando la realidad coincide crudamente con la ficción, comenzando por la quiebra de "Nasty Gal", que ahora está en manos de la empresa londinense "Boohoo", mientras rodaban la serie, el año pasado.

Porque 5 años, Sophia Amoruso vivía el cénit de su éxito como empresaria. Quien encontró la vocación de su vida vendiendo ropa vintage en eBay con el nombre "Nasty Gal Vintage" y luego creando su propia página web en 2008, aparecía cuatro años después, en Forbes, como una de las 400 estadounidenses más ricas, con una fortuna de 250 millones de dólares. Ese año, ella creó su propia revista de estilo de vida con colaboradores como Terry Richardson y lanzó su propia colección. Dos años después, se mudaba a Los Ángeles e incluía marcas de lujo. En esa época lanzó su libro superventas, "#Girlboss", que se convirtió en un hashtag con más de 5 millones de hashtags en Instagram, donde mostraba empoderamiento femenino como lema y pasión por su trabajo y su empresa.

 

Last night with my bro @brittlrobertson whose work ethic, talent, and grit has inspired me since the day we met. @girlbossnetflix drops April 21

Una publicación compartida de Sophia Amoruso (@sophiaamoruso) el 18 de Abr de 2017 a la(s) 5:01 PDT

 

La magia duró poco: mientras Amoruso se iba de tour con su nuevo libro y "trataba de hacer el feminismo genial de nuevo" , Sheree Waterson, la nueva CEO, había tenido que despedir a 30 personas para reorganizar la compañía. El año siguiente, cuatro empleados demandaron a la compañía por despedirlas por solo haber quedado embarazadas y a una empleada con una grave enfermedad de los riñones que esperaba un transplante. Y los reviews de empleados en sitios como Glassdoor (hay 81 en total) mostraban que no todo es "mágico ni empoderador". De hecho, la mayoría de los trabajadores se quejan de favoritismos, de que Amoruso no tiene idea de lo que está haciendo y solo vive para autopromocionarse.

Un caos absoluto, sobre todo si con acciones se destruye todo su mito de sororidad femenina, palabra hoy tan peligrosa, como light y compleja a la vez en estos días : "Recientemente, la palabra 'feminista' ha sido tabú. Ahora hay muchos definiéndose así. Esto abre, de todos modos, el término (en diferentes contextos y personas) y está fuera del control de alguien o de una colectividad. Para muchos, ser feminista implica mejorar la vida de las mujeres alrededor del mundo y quitarles su opresión", explica a Metro Bárbara Gottfried, directora del programa de Estudios de la Mujer, Género y Sexualidad de la Universidad de Boston.

Y como se ve, esto no pasa ni en la vida real ni en la ficción de Netflix. Porque Charlize Theron y Amoruso, las dos productoras, querían por lo menos rescatar el mito de "self-made woman" para la ficción, pero la Sophia de la serie hizo todo pedazos con sus pataletas. De hecho, Lisa Abeyta, CEO y fundadora de AppCity Link, comentaba en Inc, cómo una serie producida por mujeres salió tan mal. "Solo ayuda a perpetuar estereotipos negativos de las emprendedoras hablando sobre una chica narcisista y caprichosa". Por otro lado, la crítica de televisión Elizabeth Logan de "Glamour" fue más lejos. La llamó "Jerkboss" (cretina). Ahora, si se habla de aceptación, en "Rotten Tomatoes" la serie tiene un 30% de favorabilidad sobre 100 si se habla de crítica. En cuanto a la audiencia, esta le dio un 68% de aceptación.

"Si un hombre fuera como Miranda le dirían que tiene carácter", decía la ex-sufrida asistente Andy Sachs de su jefa, la editora Miranda Priestly de "El diablo viste a la moda" (Devil Wears Prada, 2006), la primera CEO (basada en Anna Wintour) de moda que se consagró como ícono cultural de mujer fuerte y despiadada. Pero Miranda jamás se autoproclamó feminista, como Amoruso. Y como otras CEOs que hicieron lo mismo, como Miki Agrawal, ex CEO de Thinx, quien empoderaba la vida sana y tenía charlas TED. El relato de Miki también se fue al piso por demandas de una ex trabajadora suya por acoso sexual, por dar bajos salarios y no dar bajas de maternidad. Y he ahí que por eso sea tan cuestionable el "fempowerment" de los últimos años a través de figuras como la misma Agrawal, Amoruso y otras CEOS que usan el feminismo como discurso corporativo.

 

Una publicación compartida de Steven O'Neal (@gsoneal) el 23 de Mar de 2017 a la(s) 6:15 PDT

 

O eso es lo que piensa la crítica de moda de la Parsons New School en Nueva York, Vanessa Rosales, quien le dice a Metro que "ella es un peligroso emblema de 'empoderamiento'. Sin duda, su forma, la de una 'self-made woman', joven, emprendedora, que forjó un imperio millonario merece aplausos y admiración efusiva. Pero una vez en la cumbre, Amoruso refleja uno de los peligros de nuestra época: querer conservar las cosas sin esfuerzo y persistencia. Por ende, el fondo detrás de su figura termina siendo endeble porque prioriza la fama, la pose, la celebridad por encima de las realidades de una mujer centrada en su empresa". 

"Ella abandona su logro para ser indulgente con el narcisismo, la vanidad, la pose, la auto-indulgencia (su libro), mientras que la empresa se cae. Es como una metáfora de lo que sucede cuando 'empoderamiento femenino' o feminismo son símbolos vacíos", remata. Mientras, la serie ya va para una segunda temporada, con una Sophia que madura pero que no encanta a muchos y que da cuenta de cómo la madurez que ella tanto desprecia, puede golpear duramente a un "millennial" soñador sin bases adecuadas.

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