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Cuatro familias ecuatorianas luchan por los derechos de sus hijos transexuales

Viernes 19 de mayo de 2017


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Los padres de los menores ecuatorianos transexuales visibilizan esta realidad. Cuentan y explican cómo se manifiesta y los obstáculos discriminatorios por los que han padecido sus hijos.

Por Gabriela Vaca Jaramillo

Esta semana se conmemoró un año más del Día Internacional contra la Homofobia y la Transfobia, fecha para recordar la eliminación de la homosexualidad como enfermedad mental en 1991 por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El tema que se celebra este año es 'Familias', con el fin de concientizar a las personas sobre la existencia de familias no tradicionales, además se busca reforzar la transmisión de valores de padres a hijos en el respeto a la comunidad de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersexuales (LGBTI).

Un ejemplo de ello se hizo evidente cuando la cantante y actriz venezolana Karina anunció en las redes sociales que inició la "transición formal y física" de su hija Hannah, de 11 años. "... Naciste en una época más tolerante con gente como tú "TRANSGÉNERO". Le doy gracias a Dios porque eres fuerte, brillante y sana. Y a ti agradezco haberme enseñado el verdadero concepto del amor infinito, del prejuicio, de la libertad. Te admiro, te respeto te adoro mi Hannah. Siempre pensé que ya había dejado suficiente huella en el mundo y ahora estoy segura que juntas también dejaremos marcas indelebles, mensajes de amor de compasión y de tolerancia importantes ....Tenemos una misión HIJO MÍO", escribió hace más de un año en sus redes.

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Pero ese caso no está alejado de ninguna realidad a nivel mundial, incluido Ecuador.  Y este es el caso de Rocío B. y Manuel A. (nombres protegidos), una pareja ecuatoriana de esposos heterosexual que trajo al mundo a un niño al que llamaron Cristian (nombre protegido).

"Recibí en la maternidad biológicamente a un niño pero con el paso de los años nosotros, sus padres, nos fuimos dando cuenta de que él no era igual a su hermano mayor ya que al año y medio ya mostraba sus gustos por las muñecas. Obviamente en la casa teníamos juguetes de niña por mi sobrina y creíamos que era un gusto normal.

Sin embargo, a los 3 años estábamos preparando su cumpleaños y él repetía que quería una fiesta de princesas. En esa circunstancia le explicamos que solo las niñas pueden vestirse así y que él es un niño. Esa ocasión me trae recuerdos duros porque no quiso usar el traje de príncipe que le compramos. Tuvimos que convencerle negociándole con premios. Se veía que en la relación con los demás niños había un evidente apego innato con las niñas", cuenta la madre del menor.

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A los 5 años todo esto seguía agudizándose y recurrieron al primer psicólogo, un muchacho joven y sin experiencia que cuando lo conoció y supo de su situación se asustó y no supo manejar ni explicar el porqué a Cristian le gustaban las cosas de niñas y simplemente les dijo que se trata de una etapa pasajera de su niñez sin mayor preocupación.

Pero sus padres no entendían qué sucedía, creían que era momentáneo, les aconsejaban que no se preocupen porque los niños son siempre sensibles y les gusta toda clase de juguetes, en fin. La duda también se hacía intensa y fue cuando decidieron recurrir a un especialista de organizaciones LGBTI asignado por el ministerio de Salud.

"Me agendaron una cita con el nuevo psicólogo y lo primero que nos dijo fue que se trababa de un trastorno psiquiátrico del conjunto de enfermedades como psicópatas, pervertidos, entre otros. Nos recomendó que debíamos impedir como de lugar ese tipo de comportamiento de mi hijo, alejarle de todo lo femenino e incluso llegó a decir que era una consecuencia de que como madre tenía el carácter más fuerte que mi esposo.

Con estas apreciaciones para juzgar a nuestro hijo al tacharlo de psicópata nos decepcionamos del especialista. Posteriormente seguimos en la búsqueda de que aparezca alguien que nos explique esto que era nuevo para nosotros. Así encontramos otros profesionales de psicología, le hicieron exámenes prácticos como varios test para descartar desórdenes mentales y la recomendación fue que le expliquemos con mayor énfasis que no es una niña sino un hombre.

Tuvimos que pedirle a Cristian que debía orinar parado y no sentado como solía hacerlo pero él se resistía. Él se sentía ella, una niña. Descartamos a otra doctora que también lo colocó como parte de una enfermedad mental. Fueron dos años intensos de búsquedas de personas que sepan indicarnos y guiarnos qué estaba pasando.

Empezamos a descubrir a través de foros de internet de niños extranjeros que se vestían de niñas, querían ser chicas y actuaban como tal. Contactamos a una persona transgénero que nos ayudó a encontrar a Édgar Zúñiga, un profesional especializado en temas sobre las diversidades sexo genéricas y la transexualidad.

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Luego descubrimos que otras familias estaban pasando por nuestra misma situación y los contactamos para informarnos de todo. Como padres ver el sufrimiento de mi hijo fue terrible ya que llegaba al punto de no dormir, no comer, y me contó que había visto el documental de un menor igual a él que decidió suicidarse porque nadie le comprendía.

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Ese fue el punto de inicio para dejar de obligarle a Cristian a ser alguien que no quería. En mi casa no iba a darse un suicidio y tampoco iba a colaborar para que nuestro hijo se deprima hasta este punto.

Le detectaron un alto grado de ansiedad y depresión en su escuela porque era víctima de bullying. Los compañeros no podían comprender y le tildaban de maricón y palabras muy ofensivas. Su hermano también sufrió de esto porque lo asociaban. Tras un amplio análisis, Zúñiga confirmó que Cristian es una niña transexual", detalla Rocío.

Cristian estaba en una escuela católica de élite, donde recibió las peores ofensas y sus padres buscaron otra opción para educarlo en una de las 14 instituciones educativas donde tocaron puertas, haciéndoles saber su condición. En ninguna les dieron un cupo y fueron víctimas de discriminación.

Hubo una sola en la que la rectora manifestó que en 30 años como docente vio tres casos parecidos a los de Cristian. Ella fue la única que la recibió para que el menor pueda seguir estudiando. Ahora va a clases bajo su nombre social. Él adoptó el nombre de Andrea, dejó crecer su cabello y también usa vestidos.

El padre señala que sus compañeros de clase la tratan como una niña, ni siquiera sospechan de su sexo. Lo único que difiere es que sus calificaciones van al ministerio de Educación con su nombre legal, es decir, el de la cédula de identidad. De esto solo saben la rectora, la profesora y la psicóloga. En las reuniones de padres de familia se entregan reportes con el nombre de Andrea.

"A ti nunca te enseñan como manejar esto, ni en casa o en la escuela, ni tampoco lo hablas con tus amigos adultos. Al no hablar del tema simplemente desapareces a estas personas del mundo, es como que no existieran. Pero la realidad es otra y muchas veces de pronto hasta te cruzas por la calle con algunas de ellas sin que te des cuenta o si es muy evidente empieza la batalla de murmuraciones y burlas.

El especialista Zúñiga indicó minuciosamente a estos padres de familia que para entender este caso hay que saber que cuando llega al mundo una persona lo denominamos niño o niña por su sexo pero cada uno va construyendo un género. Si es un niño se asocia con todo lo masculino: fútbol, carros, etc. Y en el caso de las niñas tiene que ver con las muñecas, vestidos, princesas, entre otros aspectos.

Pero están también las personas transexuales, en el caso de Cristian tiene sexo de hombre pero su género es femenino. La percepción de ello es que se siente, actúa y cree que es una niña. A su edad, 8 años, el conflicto es agobiante ya que surge una serie interminable de cuestiones, al igual que tenían sus progenitores, motivos que conllevan a la depresión y ansiedad.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) describe a estos casos como una condición. No como una enfermedad porque no se requiere de medicación, tampoco se trata de un trastorno ni síndrome ya que carece de tratamiento o terapias para cambiar su manifestación genuina. Y es por esto que la lucha de la comunidad LGBTI insiste en que se la retire también de la lista de enfermedades patológicas.

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La Organización Americana de Psicología la retiro de las enfermedades mentales hace más de dos décadas.

En el año de 1.800 alguien decidió colocarla como enfermedad psicológica que vino acarreando una serie de estigmas. Hoy en día, la OMS da una serie de parámetros para obtener un acompañamiento a los padres y guiarse según la condición sexo genérica de estas personas. Además el Alto Comisionado de las Naciones Unidas tiene un documento en el que se les reinvindica los derechos humanos a las pesonas trans.

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"Cuando alguien de tu familia tiene este diagnóstico hay que analizar la parte biológica, social, legal y psicológica. En el proceso de acompañamiento se recomienda manejar la parte social que es la que se relaciona con la psicología del menor, es decir, si se siente como niña pues debe recibir el trato como tal.

En la parte legal, en el caso de la cédula de identidad, Cristian tiene sexo de hombre y lamentablemente nunca se pensó en que también existen menores con esta condición por lo que se les vulnera los derechos, primero como niño y como ser humano. Él físicamente es una niña pero si yo quisiera hacer un viaje no puedo por este determinante legal de su cédula que solo beneficia a los transexuales mayores de edad", acota Rocío.

El momento más duro y traumante para estos menores es cuando empiezan a experimentar los cambios físicos que trae su pubertad porque sienten que su cuerpo les traiciona. Por ejemplo, cuando Cristian experimente que le crece su miembro viril, le salga la manzana de Adán, se le ensanche la espalda o se engrose su voz va a caer nuevamente en una depresión crónica.

Sus padres cambiaron su vida para dedicarse a investigar para ver feliz a su hija. Ahora dan charlas en instituciones públicas y privadas para destapar y visualizar este contexto. Como parte de este largo andar también descubrieron que tanto la OMS como la Asociación Americana de Psicología proveen de inhibidores o bloqueadores de la pubertad para que evitar los cambios físicos.

Se trata de un tratamiento hormonal por seis años, al que se debe someter Andrea bajo estricto control médico. Cada dos meses el costo de los medicamentos es $430 más los honorarios de médicos. Los padres de dos adolescentes con este mismo caso han recurrido a ello y se ha verificado su eficiencia por lo que se ha dado apertura en el ministerio de Salud para que a ellos les coloquen los bloqueadores con la finalidad de que esta etapa no sea tan dura y su calidad de vida pueda ser normal.

Los bloqueadores, para las trans femeninas hacen que no se les ensanche su espalda, que no le salga vello facial ni la manzana de Adan y tampoco les crezca el órgano sexual masculino. Para las personas trans masculinos logran evitando que crezca el busto y no les venga la regla, ahí se les da testosterona y hormona del crecimiento para que tengan una talla promedio masculina del Ecuador.

Todo esto está bajo supervisión de médicos endocrinólogos y sustentado en estudios científicos para comprobar su efectividad. De esta manera se puede diagnosticar con cada persona. La edad ideal para iniciar este proceso es a los 11 años. Se conoce que este tipo de inhibidores han sido colocados en gimnastas y atletas para que no les venga la regla en fechas de competencia.

Jazz Jennings, es una adolescente transgénero americana de 16 años, que se sometió a este tratamiento. Ella explica abiertamente que estaba atrapada en un cuerpo que no era suyo. En 2014 fue nombrada uno de los 25 adolescente más influyentes por la revista TIME y hoy es la imagen de una marca de cuidado facial.

 

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Una publicación compartida de Jazz Jennings (@jazzjennings_) el 23 de Jun de 2016 a la(s) 12:13 PDT

 

En Ecuador se tiene registro de cuatro familias con hijos transexuales. En Guayaquil, el caso de una niña de 12 años; dos casos en Quito, de una adolescente de 13 años y el  de Cristian y en Santa Elena, un niño trans de cinco años. Sin embargo, se considera que existen otras familias que lo manejan de manera privada hasta que los pequeños cumplan la mayoría de edad para cambiarles el nombre y enviarlos a otros países, donde el tema es muy amplio y estas personas son aceptadas sin ningún tipo de discriminación.

"Si algún día a tu hijo le diagnostican cáncer no vas a dudar en someterle a un tratamiento de quimioterapia porque sabes que estás haciendo todo lo posible para evitar lo peor y es lo que estamos haciendo con todo este proceso para que no sea una etapa terrible para mi hija. Andrea se ha sometido a una serie de exámenes para descartar cualquier tipo de patología o afectación en su organismo y ha sido médicamente comprobado que se trata de una menor sana.

Así mismo, el ministerio de Educación nos abrió sus puertas porque tras enterarse de la discriminación que sufrimos en las escuelas que visitamos, ellos nos buscaron para darnos una nueva opción para que nuestra hija pueda estudiar pero vamos a dejarla donde está por todas las seguridades y garantías que le brindan. Por otro lado, el ministerio de Salud ya nos asignó el endocrinólogo que va a tratar a Andrea. La decisión del cambio de sexo es a futuro pero no podríamos oponernos, sabemos que aquí cuesta el procedimiento $3.500 pero la cuna de este tipo de procedimiento quirúrgico está en Tailandia cuyo costo alcanza los $9.000 y han ido un sinnúmero de personas trans de otros países, en su mayoría europeos.

Pensábamos salir del país con toda esta situación pero decidimos quedarnos para luchar por Andrea aquí y para contar su historia a otros padres que deben estar desesperados. Las organizaciones GLBTI nos han ayudado de manera desinteresada.

El 26 de abril en Montevideo se presentó el Manual para Adolescentes Trans, hay también otras comunidades en España, Chile, Colombia y en Argentina ya se hizo el cambio de género en menores en una cédula. Esa es nuestra esperanza, el ejemplo de nuestros vecinos. 

Hace 100 años se hizo la primera resignación de sexo en Europa y es lamentable que acá, en nuestra cultura, sigamos con criterios discriminatorios, incluso de especialistas que aún lo manejan como una patología pero seguiremos en la lucha junto a las familias que comparten  experiencias similares. Pensaban que ellos son producto de familias disfuncionales y pues nuestro caso es totalmente diferente.

Hacemos un llamado a todos quienes lean esto para que no desistan en informarse. No queremos que en las familias se lleven a estos niños a las mal llamadas clínicas de conversión sexual, donde sufren los peores abusos físicos y psicológicos, o que les abandonen en las calles para concluir en casos de prostitución, y eso si logran sobrevivir.

Con esta historia queremos demostrar que el mundo no es solo blanco o negro, es de colores, es muy diverso", concluye la madre de Andrea.

              

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